7/4/10

A sólo un café

Era un hombre de palabras justas no que sus palabras fueran justas o que fuera un hombre justo pero justo decía las palabras necesarias cada vez, a veces más; era capaz de entrar a los sitios incluso su casa con todos dentro en el salón como un simple fantasma un silencioso espíritu famélico en sus huesos casi transparente y sin hacer ruido incluso dando las buenas noches. Siempre daba las buenas noches, como mínimo; un día fue capaz de sólo decir buenas noches a lo largo de un largo día que estuvo solo en cada sitio a cada hora de su deambular hasta que oscureció se hizo de noche y regresó a casa para sólo dormir, sin casi desvestirse sólo dormir, desvestirse de las horas los momentos las partes grises cada parte de aquel día gris, sólo dormir antes de cerrar con la misma esperanza vana aquel día tan corriente y tan vulgar. Se había dedicado a tan sólo comprar y transportar un sobre con un sello dentro y a buscar un lugar desde el que poder escribir una equivalencia , algo que tuviera el valor necesario o al menos el mismo sentido de algo que sentía y sin embargo parecía tan difícil poder resumir en tan sólo unas palabras, bien o mal escritas, dichas, escuchadas, con o sin metáforas.