19/9/09

ARROZ CRUJIENTE

Conviene saber que no siempre ocurre de esta manera, pero de hecho puedes encontrar otra nota con una advertencia al respecto en la última página del manual de instrucciones que se adjunta al final.
Después de rehogar bien las setas en el primer fondo que hemos preparado y añadir la salsa de tomate, después de freír el arroz con la maja de azafrán, mientras dejaba que todo se mezclara con cuidado de que no se pegara al fondo, dejaste que me acercara, y no apartaste tu cuello, y buscabas algo con tus manos por debajo de mi camisa.
Retiré la sartén del fuego y lo puse todo en el horno, en una bandeja, cubierto de agua suficiente para la cocción. Será un arroz crujiente de setas de los que no has probado antes. Me permites volver a tu cuello pero ahora no besar, me permites hablarte al oído pero no tocar. El arroz no debe moverse durante la cocción, como el principio básico de una buena paella. Pero tú me desnudas, me besas, me tocas y me recorres entero.
El arroz va a estar estupendo, y no necesita más de diez minutos en el horno, casi sin ropa; de postre no hay nada mejor que una fruta. Y esperaré que se termine con un cigarro. Pero antes prefieres deshacerte de todo lo que llevas y puedes llamar ropa, prefieres tirar de mí y guiarme y dejarme entonces sí besar, morder, lamer, tocar lamer besar lamer lamer...
Para que quede crujiente sólo un golpe de calor al final, me apartas de nuevo y después te aproximas, te pones de rodillas y "la mer" te agarras a mí, me nublas la vista y me tumbas y me nublas la vista agarrada a mí, y "la mer" todo se empieza a mojar y labios lengua boca todo y todo a punto de estallar te sientas sobre mí la campana del horno y estallar porque a la mierda el manual y luego almuerzo sincronizado de arroz crujiente. Habrá que cambiar la fruta por algo más elaborado sobre la marcha.

Las notas del manual las he suprimido, por supuesto.

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