1/6/10

comienzo de un relatito

Y volvía a caer en ese estado pseudo-catatónico a mitad de camino entre la iluminación artística y un spleen barato de turista sin dinero que no sabe a dónde va pero intuye sin saberlo que ha llegado a una ciudad perfecta. Después nunca entendí, y entonces tampoco, ciertamente, pero siempre supe que había algo en eso que le inspiraba una especie de ternura hacia mí que nunca me sentí capaz de rechazar. Esos eran los días en que a veces llegué a creer que había sentido algo así como el amor. Por supuesto se trataba de un simulacro de vida mucho más clandestino y sobre todo aún más pasajero que eso.
Eran los días Beth, la estación Elisa. Y yo jamás pretendí quedarme, y tú nunca preguntaste.

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